jueves, 11 de agosto, 2022 12:47 am

Poema a LEA

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Mario Rechy

 

Luis,

Ví en tu jeta esa serenidad

del que piensa que está facultado para matar sin pena,

o de quitar la libertad al que cuestione o se inconforme.

Tu rostro inexpresivo, circunspecto, que hablaba para adentro,

que sustraía de su lengua las palabras y las llevaba a ser sonoras 

solo dentro…

Me queda claro:

Te era imposible la sinceridad

Te era vetada la empatía,

porque el poder solo concibe y concede al mortal

la obligada obediencia.

y porque la voluntad de creer la arrebatabas y sabías convertirla

en abyecta confianza.

Eras el príncipe que asume la tentación del orden arbitrario;

el sujeto en lo alto del poder que había secuestrado el destino de todos;

el que pensó mil veces que debía obedecerle…

Y si no era capaz,

entonces debía llenarme de odio

y responder así a tu presencia ineludible

a esa parda majestad de cuervo.

Creíste darnos con tu frialdad, 

con tu fusil

y tu exterminio

razón de ser y aliento

para enfrentar tu omnipresente alevosía,

tu rostro de perfidia

tu pétrea decisión de sangre.

Solo podría causarte malestar el desdén,

o que alguien de nosotros intentara

aquilatar tu pequeñez,

tu escasa dimensión de alma;

o cómo la máscara de diálogo te quedaba pequeña,

y no tapaba el rictus impasible de tu boca ennegrecida

por la hiel que tu mente lanzaba sin descanso.

Habías nadado en el pantano turbio de la ideología,

hasta tragar su miasma venenosa; 

que hacía fantasear en campos verdes de la mies y la milpa,

de flor y canto y ambrosía.

Pero solo nacen lagartos del pantano,

solo arrullaste mayores nauseabundos.

Ni narcisos, ni blancas rosas llegaron con el tiempo.

Los acres tonos de esa acequia de veneros malignos

nunca dejaron que otros colores pudieran alumbrar camino.

Nunca otro aroma embriagó los campos.

En tu paisaje no hubo jamás el arcoíris.

Solo supiste conservar la pestilente y uniforme

aceptación, 

la continua y sumisa condición callada.

La fé dormida,

la comedida lambisconería.

¿Cómo pensar que era ese el camino?

¿Cómo creer que en pantano sin flores y sin sueños

podría reanudarse el verde con auroras.

Nunca quisiste ver en la luz la presencia colorida,

las voces discordantes que enriquecen la vida,

la opuesta dimensión del pensamiento.

Tu herencia nos lastima.

Siguen presentes los del puñal en la lengua

que escupen mientras clavan en la espalda su filo.

Como tú, hoy diatriba quien tiene el único criterio… que divide,

el sordo pensar que es infalible

y que ha heredado la única verdad de cenagal que gritas,

y cree que es dueño final del juicio, la verdad y el camino.

Todavía carga la máscara, y se auxilia además de una palabra

que anuncia otra apertura,

y abraza en beatitud a la violencia;

mientras ignora 

cualquier matiz que pueda cuestionar su vocación de armonía. 

Te has marchado finalmente al purgatorio eterno y al infierno

del mal recuerdo,

al cieno de mi odio y del de tantos

que no permitirán tu olvido,

que recordarán tu paso por la tierra,

como gesto ejemplar de mal, de muerte y de desgracia.

¿O en qué otra forma la podría llamar, cuando ordenabas 

decir que habría democracia,

al mismo tiempo que entrenabas halcones?

¿De qué otra forma podría calificar que guantes blancos llenaran una plaza con sangre de jóvenes 

y sangre de soldados?

 

¡Te hemos condenado!

Nunca perdonaremos tu ignominia, ¡estás juzgado!

Pero quiero saber

¿quién nos ha de salvar de ese tu ejemplo?

¿Quién podrá conjurar la herencia de tu gesto?

Porque el pantano sigue escupiendo lagartos

que piensan como tú.

que quieren ver solo la flor del cardo.

Y que nos dan a oler su fétido cariz

y esperan la sonrisa.

Y habemos todavía

–como en tus días de vida—

los que allende el fangal en que habitabas,

bajo el cielo estrellado y pleno,

guardamos y miramos al hondo firmamento

¡Pleno de brillos y grandes dimensiones!

 

9 de julio del año 2022

El autor en 1968 militaba en la Liga Leninista Espartaco.