miércoles, 10 de agosto, 2022 11:56 pm

Echeverría, el gran culpable

Compartir:

Análisis

La figura del expresidente Luis Echeverría Álvarez se puede sintetizar de la siguiente forma: es el culpable favorito, ya sea que hablemos de la masacre del 68, de lo sucedido el jueves de Corpus de 1971, de la crisis económica de mediados de la década de los años 70, de la implantación de las bases del populismo en nuestro país, del golpe en contra del Excélsior de Julio Scherer, del inicio de la guerra sucia en contra de organizaciones sociales –varias de ellas eligieron el camino de la guerrilla para alcanzar sus objetivos— y del ejercicio de la represión como política de Estado.

Echeverría sintetiza como pocos personajes de la política nacional lo que el régimen priista significó en el escenario político nacional: sus métodos para mantener el poder y el pragmatismo de lograr los objetivos por cualquier método.

En 1914, José Ortega y Gasset acuñó una de sus frases más famosas, “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”, estas palabras se pueden aplicar al expresidente recientemente fallecido, pues para entender sus acciones hay que entender las circunstancias en las que se vio obligado a ejercer el poder, en un régimen en el cual mantener la presidencia –como símbolo máximo de dicho poder— era el gran objetivo que había que mantener sin importar el costo.

Sin partidos políticos que supusieran una real competencia –el PAN era la oposición leal y el Partido Comunista estaba excluido del juego electoral— la única resistencia sólo podí surgir desde dentro, por eso las luchas por alcanzar la nominación para convertirse en candidato presidencial podían llegar a ser crueles, algo que ayuda a entender la manera en que se lanzaron acusaciones en contra de funcionarios federales en el contexto de las manifestaciones de 1968.

Y de todo esto fue parte Echeverría, al igual que no podrá nunca deslindarse de las decisiones de gobierno que tuvieron efectos negativos en el país, como fue el caso de la crisis en la que la salida de capitales, la devaluación del peso frente al dólar, entre otros aspectos que caracterizaron uno de los episodios más lamentables en la historia económica del país.

La entrevista que Rogelio Cárdenas Estandía le hizo al exmandatario, nos muestra que más allá de lo que se ha opinado a lo largo de décadas, para Echeverría las decisiones que tomó durante los sexenios en los que tuvo cargos públicos, fueron las adecuadas y no hubo arrepentimiento.

Al final de cuentas, la historia de Luis Echeverría se traza con dos líneas que se entrelazan a lo largo de la misma: una con su propio testimonio, en la que justifica, explica y da su versión de los hechos y, otra, con las opiniones, juicios y datos que historiadores, analistas e investigadores han recopilado a lo largo del tiempo.

Se trata de líneas paralelas que en ocasiones coinciden, en otras se cruzan y muchas más se alejan para mostrarnos que la realidad no es tan simple como algunos se esfuerzan en creer.