jueves, 11 de agosto, 2022 1:09 am

La provocación como método y los Jesuitas: El poder real que pide cambios

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Entre líneas

Hoy en día en Tabasco el juego político entre los partidos se refleja en un solo movimiento que es permanente y que tiene como único objetivo la provocación. ¿Qué es la provocación? La acción y resultado de provocar o provocarse, en producir y originar cierto estado, situación, sentimiento o condición en una persona o cierto estado en un elemento o hacer que un individuo mediante expresiones o actos hostiles, que otra persona se enfade y reaccione de forma contrario.

En Tabasco no hay discurso de ideas o propuestas sobre cómo abordar tal o cual asunto público. Solo hay provocación que inevitablemente solamente ve hacia el 2024 cuando haya elecciones para gobernador, diputados o alcaldías. En medio parece no haber nada. Ni necesidades de los ciudadanos, ni deseos de mejorar el nivel de vida y mucho menos aspirar al bienestar. Hay políticos que viven y alcanzan notoriedad gracias a la provocación.

Como MORENA tiene un avasallante poder en todos los órdenes del estado, los esfuerzos de los opositores se concentran en muy pocos protagonistas entre los que hay que reconocer principalmente al gobernador, Carlos Merino, que es el blanco favorito de los dardos de la provocación que él, muy a su estilo estoico, libra con facilidad e incluso elegancia. En los municipios los presidentes y presidentas municipales son los que tienen que aguantar todos los chaparrones un poco como siempre ha sido, aunque en estas circunstancias están más en soledad.

Curiosamente esta táctica de la provocación es típica de políticos populistas y ególatras, que utilizan esta estrategia para llamar la atención y para imponer un discurso que opaca los retos importantes de la existencia de los ciudadanos. En Tabasco disponemos del mayor número de provocadores por metro cuadrado, no solo de toda la República mexicana, ya que según los estudios de una importante universidad de Corea del Norte este honor de los choquitos se ha ganado a pulso uno de los primeros puestos a nivel planetario. Los provocadores no necesitan demostrar resultado alguno ya que no es esa su misión, sino que se trata de molestar para que el adversario pierda los papeles y comience a hacer más tonterías, y de mayor calibre, que las que hace habitualmente.

Los que además tienen la suerte de haber cazado un cargo, a través de los gestos provocadores tienden a ocultar una gestión desastrosa, en muchos casos, de los elementos que contribuyen al bienestar. Éstos son educación, sanidad, trabajo, vivienda, servicios sociales, rentas y seguridad. Elementos que garantizan la libertad y bienestar de las personas en democracia, y que legitiman al Estado, y a las que hoy habría que añadir la preservación del medio ambiente, la política familiar y la igualdad de géneros. Al contrario que las democracias, en las sociedades avanzadas -que basan su poder en la cohesión, la confianza y la transparencia- los sistemas autoritarios fraguan su basamento en la división, la desconfianza y la opacidad. De ahí que el control sobre los ciudadanos, que ejercen esta división que rompe la buena vecindad y esparce la sospecha, resulte clave como sustento de su régimen.

A nivel interior, la estrategia que le ha mantenido hasta ahora se basaba en la garantía de la precariedad en temas de trabajo, vivienda, políticas familiares y seguridad, partiendo de una población que, como consecuencia de un régimen priista de más de ochenta años, aceptó como normal el sacrificio de la libertad por la seguridad de mínimos de supervivencia (que no de bienestar).

Las consecuencias han sido la acomodación de una parte importante de la población a este hecho y la pérdida de las nuevas generaciones -los jóvenes preparados han optado masivamente por la emigración a otros estados. Afortunadamente, algo ha empezado a mutar con la construcción de la Refinería Olmeca de Dos Bocas, en la que hay puestas muchas esperanzas para mantener puestos de trabajo bien remunerados y esperemos que la población no se desengañe ya que aunque las cifras de las encuestas sean muy buenas para MORENA en la actualidad, un fracaso de los grandes proyectos le despojaría de esta ventaja y podría extenderse rápidamente por todo el país la consciencia de la necesidad de cambio. Por lo pronto MORENA y el presidente tienen la prueba a superar más urgente que es el detener y castigar a los asesinos de los dos jesuitas y del guía de turismo civil de la Taraumara de Chihuahua, encabezados por el ya conocido internacionalmente “El Chueco”.

El Papa es jesuita y no parece que se vaya a contentar con paños calientes o con declaraciones protocolarias de pena por el asesinato. Los jesuitas son el poder detrás del poder en el Vaticano que todos sabemos que llevan más de 2000 años siendo los más expertos diplomáticos del mundo además de gozar de una inmensa capacidad de conspiración contra aquellos que supongan un peligro o amenaza para su orden. Cuando Don Quijote le dijo a Sancho “con la iglesia hemos topado” como metáfora para hacerle ver que hasta ahí habían llegado, lo de los jesuitas es otro nivel mucho más peligroso que la muy respetable pero frágil iglesia católica. Los jesuitas son como la humedad: se han metido en todos lados. Sobre todo en las oficinas del poder real.