jueves, 30 de junio, 2022 3:14 am

Assange, reprimido por EU; periodismo Wikileaks amenaza secrecía de Estados

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En la Casa Blanca

EU busca “enterrar vivo” a Assange

En el país que dice defender la libertad de expresión

Por: Martha Aguilar

Priti Patel, ministra del interior británica decidirá en este mes de mayo si Julián Assange será extraditado a EU donde enfrentaría una sentencia de 175 años, en estricto aislamiento de 24 horas en una prisión de máxima seguridad en ese país. Es decir, será “enterrado vivo” en el país que dice defender la libertad de expresión. Nils Melzer, en su libro The Trial of Julian Assange (El Juicio de Julian Assange) advierte que el caso de Assange será utilizado para disuadir a futuros “transgresores” que se atrevan a exponer asuntos de “seguridad nacional”. Serán perseguidos sistemáticamente, silenciados y destruidos lentamente (en lo físico y mental), y todo esto fuera de la vista pública.

En el Reino Unido Assange ya paso tres años en esas condiciones de total aislamiento en la prisión de Belmarsh, en Londres, en espera de un juicio que nunca llega, con pruebas que han sido manipuladas y con una salud que va deteriorándose casi hasta afectar sus facultades mentales.

Los cargos en Estados Unidos contra Assange se refieren a la publicación en 2010 por Wikileaks de documentos oficiales filtrados donde se muestra que Estados Unidos y Reino Unido fueron responsables de crímenes de guerra en Irak y Afganistán, y donde nadie ha sido encarcelado por esos crímenes.

EU define el periodismo de Assange como espionaje, y con este enfoque, ese país se otorga el derecho de ir en contra de cualquier periodista que, a “su criterio” pueda colocar en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos. Esta posición, tiene graves implicaciones para la rendición de cuentas y para el ejercicio de una prensa libre, no nada más para Estados Unidos sino también para todos los medios occidentales en el mundo.

Nils Melzer, profesor de Derecho y relator especial de Naciones Unidas en el área de tortura, ha seguido de cerca el caso de Assange durante los 12 años que lleva de confinamiento, ha analizado el debido proceso (violentado muchas veces) y el estado de derecho (violentado al politizar el caso de Assange) y lo que ha observado es una total anarquía por parte de los países involucrados: Gran Bretaña, Suecia, Estados Unidos y Ecuador. Melzer indica que hay una fuerte campaña de desinformación y hasta el asesinato de personajes con tal de ocultar las fechorías de estas naciones.

Melzer concluye que no solo se han violentado los derechos fundamentales de Assange sino también su bienestar físico, mental y emocional lo que es equivalente a la tortura psicológica. En este sentido, el Reino Unido ha estado haciendo en este “trabajo sucio” para Estados Unidos, el llevar a cabo su juicio, prolongarlo, y en el camino, tratar de convencer a otros países para que el caso de Assange se aplique a modo de “ejemplo” de cómo tratar a los “transgresores” que se atreven a exponer los crímenes occidentales que tienen como fin “defender” la democracia.

El tema de Assange, advierte Melzer, resulta ser un tema de alto impacto pues establece un precedente legal para erosionar las libertades más básicas que damos por sentado, y cita la frase de Otto Gritschneder, abogado alemán testigo del ascenso de los nazis: “los que duermen en una democracia despertarán en una dictadura”.

Una situación bastante alarmante es que cualquier intento de control o equilibrio institucional independiente, en especial los de Estados Unidos, son sometidos de inmediato. Está el caso de Amnistía Internacional que evitó calificar el caso de Assange como “preso de conciencia” a pesar de que reúne todos los criterios. ¿Por qué lo hizo? Pues para evitar una reacción negativa por parte de sus financiadores.

El Grupo de Trabajo de la ONU sobre la Detención Arbitraria, compuesto por expertos en Derecho, hasta la propia ONU han ignorado los abusos en los derechos de Assange. Hasta Rusia y China son renuentes a utilizar este asunto para pegarle a Occidente, no sea que se les regrese como bumerang.

¿La razón? Es que el modelo de periodismo de Wikileaks exige una mayor rendición de cuentas y transparencia de los Estados. Esa es la amenaza para todos.

Y Ecuador también fue sometido a presiones, de ahí el abandono tardío de Assange. Gran Bretaña y Estados Unidos se ha ido con todo contra el acusado, lo han vilipendiado y lo han hundido en un interminable pozo de procedimientos legales. Esto ha sido posible por la red de complicidad de fiscales y el poder judicial con el fin de silenciar a Assange.

Melzer explica que también cayó en la trampa de la “demonización” de Assange, dice que cuando los abogados del acusado lo contactaron para pedir ayuda en 2018, argumentando que las condiciones de encarcelamiento de su cliente eran equivalentes a tortura, los ignoró.  Era admitir las acusaciones de conspiración en contra de Assange, y reconocer que él estaba implicado en esa operación.

“Para mí, como la mayoría de las personas en todo el mundo, él era solo un violador, un hacker, espía y narcisista”, dijo.

Cuando aceptó examinar las condiciones de encarcelamiento de Assange y los efectos en la salud de éste, descubrió que las autoridades británicas bloqueaban su investigación a cada paso y que lo engañaban abiertamente. Y cuando hurgó en las narrativas legales, todo se desenredó rápidamente. Y señala los riesgos de hablar fuerte:

“Con mi postura intransigente, puse en riesgo no solo mi credibilidad, sino también mi carrera…incluso mi seguridad personal…de repente me encontré de espaldas a la pared, defendiendo los derechos humanos y el estado de derecho contra las mismas democracias que siempre había considerado mis aliados más cercanos en la lucha contra la tortura. Fue una curva de aprendizaje empinada y dolorosa…Me había convertido inadvertidamente en un disidente dentro del propio sistema”.

La red de acusaciones.

La red de casos que han atrapado al fundador de Wikileaks y que lo mantienen encarcelado incluyen una acusación de agresión sexual en Suecia, que consumió diez años y que nunca concretó en nada serio por falta de pruebas. Una detención prolongada por una infracción de fianza que ocurrió después de que Ecuador le concedió el asilo para evitar la extradición a Estados Unidos. La convocatoria de un gran jurado en Estados Unidos, seguida de las interminables audiencias y apelaciones en el Reino Unido para extraditarlo, esto como parte de la persecución.

El objetivo no es acelerar el juicio de Assange, pues esto pondría en evidencia la falta de pruebas contundentes en los casos suecos y estadounidenses. La intención es eternizar este “no enjuiciamiento” a fin de prolongar las condiciones de encarcelamiento y que el público se vuelva en contra de él.

La meta es “la persecución sistemática, el silenciamiento y la destrucción de un disidente político inconveniente”, acusa Melzer. Assange, dice, no solo es un preso político, sino que su vida está en peligro por los abusos que concuerdan con el marco de la tortura psicológica.

Assange, dice, está siendo torturado por proteger a quienes cometieron tortura y otros crímenes de guerra expuestos en los registros de Irak y Afganistán publicados por Wikileaks. Los autores de estas torturas continúan escapando de la justicia con la connivencia activa de las mismas autoridades de los países que buscan destruir a Assange.

Otra de las implicaciones graves de este caso es que anuncia la máxima ambición de quienes lo persiguen, las audiencias de extradición pueden prolongarse indefinidamente, hasta con apelaciones en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Estrasburgo, con lo cual: primero, se mantiene a Assange fuera de la vista de todo mundo; segundo, se proporciona un efecto disuasivo más fuerte sobre los denunciantes y otros periodistas.

Esto es un ganar-ganar, señala Melzer. Si la salud de Assange se descompone por completo, puede ser encerrado en una institución psiquiátrica. Y si muere, eso resolvería el inconveniente de seguir sosteniendo la farsa legal que se ha necesitado para mantenerlo en silencio y fuera de la vista todo el tiempo.

La constante falta de transparencia en los casos contra Assange por parte de las autoridades suecas, británicas estadounidenses y ecuatorianas se convierte en todo un tema en el libro de Melzer. La evidencia no está disponible bajo las leyes de libertad de información, y si lo está, solo se publican algunas partes que son las que no corren riesgo de socavar la narrativa oficial.

De igual manera, gran parte de la correspondencia posterior entre los fiscales británicos y suecos que mantuvo a Assange atrapado en la embajada ecuatoriana fue destruida durante años, incluso cuando la investigación sueca se estaba llevando a cabo.

El asunto de las mujeres que, supuestamente, acusaron de violación a Assange. Las mujeres ni fueron violadas ni levantaron estos cargos, todo lo que querían era que Assange se realizara pruebas de VIH, por eso acudieron a la policía para tratar de presionar a Assange a que se realizara las pruebas. No más. Todo fue manipulado por las autoridades suecas.

El caso de Ecuador, que ofreció asilo a Assange, cambió rápido de opinión y esto sucedió cuando Rafael Correa, presidente de izquierda, renunció en 2017. Su sucesor, Lenin Moreno, recibió las presiones diplomáticas de Washington y le ofrecieron incentivos financieros para que desistiera del asilo para Assange.

La CIA trabajó con la firma de seguridad de la embajada para lanzar un operativo de espionaje sobre Assange y todos sus visitantes, incluidos médicos y abogados. También se incluyeron planes para secuestrar y asesinar a Assange.

Finalmente, en abril de 2019, después de quitarle la ciudadanía a Assange y el asilo, en flagrante violación del derecho internacional y ecuatoriano, Quito dejó que la policía británica lo detuviera. Fue arrastrado a la luz del día, lucía sin afeitar, descuidado como un “gnomo de aspecto demente” como lo llamó un columnista de The Guardian. Esta imagen de Assange fue cuidadosamente manejada, el personal de la embajada había confiscado su kit de aseo y afeitado personal meses antes.

Las pertenencias personales de Assange, su computadora y documentos fueron incautados y transferidos directamente a Estados Unidos, para nada tomaron en cuenta a las autoridades británicas y menos a la familia. Este movimiento, y el hecho de que la CIA haya espiado las conversaciones de Assange con sus abogados y dentro de la embajada, debería de haber contaminado cualquier procedimiento legal contra Assange como para exigir que salga libre. No fue así.

El estado de derecho nunca ha importado en el caso de Assange. Todo lo contrario, fue llevado de inmediato a una estación de policía en Londres donde se emitió una nueva orden de arresto para su extradición a Estados Unidos. Esa misma tarde, Assange compareció ante un tribunal, sin tiempo para preparar una defensa, y para ser juzgado por una violación de la fianza de siete años, por haber recibido asilo en la embajada ecuatoriana. La sentencia fue de 50 semanas en la prisión de alta seguridad en Belmarsh, donde ha estado desde entonces.

Gran parte del libro de Melzer documenta lo que él llama “juicio espectáculo angloamericano”: que comprende los interminables abusos procesales que Assange ha enfrentado en los últimos tres años. Un ejemplo es el caso de extradición por motivos políticos, la cual está prohibida en el tratado de extradición de Gran Bretaña con Estados Unidos. Pero eso no cuenta para nada cuando se trata de aplicarlo a Assange.

La decisión final sobre la extradición, la tomará la ministra del Interior británica Priti Patel, quien es de línea dura y que antes tuvo que renunciar por los tratos secretos que celebró con Israel. 

Assange no puede esperar un juicio justo en Estados Unidos, esto porque todos los políticos de todas las tendencias, incluidos los dos últimos presidentes estadounidenses, han condenado públicamente a Assange como espía, terrorista y traidor, y varios han sugerido que merece la muerte.

El libro de Melzer no es nada más la documentación de la persecución de un disidente, también señala que Washington ha estado cometiendo abusos contra los disidentes, incluidos los más famosos denunciantes Chelsea Manning y Edward Snowden.

El caso de Assange es muy importante porque no solo marca el momento en que los estados occidentales no solo atacan a aquellos que trabajan dentro del sistema que rompen sus contratos de confidencialidad, sino también a aquellos fuera de él, como periodistas y editores. Si no hacemos nada, dice Melzer en su libro, nos despertaremos para encontrar el mundo transformado. “Una vez que, decir la verdad se haya convertido en un crimen, todos viviremos en una tiranía”.