jueves, 30 de junio, 2022 1:46 am

Elecciones 2024: Los errores de la oposición en 2018

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Segunda parte

Por Javier Esteinou Madrid

PRI: ¡Nos cambiaron, porque no cambiamos!

8.- La principal causa por la que fue derrotado el PRI se debió a su enorme ceguera y soberbia política, que mantuvo como partido en el poder al no querer leer el mensaje de profunda descomposición del país que reiteradamente envió la ciudadanía en 1968, en 1988, en 1997, en 2000, en 2006 y el desperdicio de la gran oportunidad histórica que tuvo como gobierno en 2012. Fue sordo para escuchar las demandas de cambio y democracia que expresaba la sociedad y las bases de su militancia partidista, realizando solo modificaciones cosméticas que provinieron de acuerdos cupulares que no le sirvieron para nada.

En este sentido, aunque publicitariamente, el PRI prometió institucionalmente haber cambiado como organización política, aprender de su errores del pasado y regresar renovado al poder en 2012 con una nueva visión para articular a la nación; lo que se constató fue que lo que retornó amplificadamente fue la misma clase política corrupta, prepotente, voraz, autoritaria, plutócrata, déspota, faraónica y carente del más mínimo sentido humano, cuyo objetivo central era saquear al país en el menor tiempo posible para beneficiarse individualmente como grupo en el poder. 

9.- El gran error del PRI fue que durante la dinámica comicial se convirtió en una agencia electoral de colocaciones de “amigos” que dejó a un lado a sus políticos más valiosos en favor de una camarilla. Contendió a partir de una estrategia fallida, anárquica, con la maquinaria partidista desmembrada, fracturada y moralmente derrotada. La militancia fue maltratada, sorprendida y sustituida con candidatos de dudoso prestigio e incluso de quienes generaban indignación a los propios priístas, de ahí que la mística tradicional de promoción del voto quedó derrotada y sujeta a interpretaciones acerca de negociaciones aviesas o de entrega al partido.

10.- La elección de José Antonio Meade como el candidato presidencial no afiliado al partido, fue tan solo uno de los factores que auguraron un destino desventurado, pues no obstante que se votó por “abrir los candados” que ponían los estatutos, un gran sector de las bases priístas no estuvieron de acuerdo con la decisión, pues no fueron considerados.

11.- La alternativa electoral de José Antonio Meade no logró compensar el desdoro de las instituciones a las que representaban. Pudo ser la opción menos mala que tenía el primer mandatario Peña Nieto para elegir un candidato para el referéndum, pero eso no lo convirtió en una figura atractiva, pues su falta de carisma y su débil valor, no permitieron que fuera una buena opción que entusiasmara, ni a los propios priístas. Si al menos se hubiera atrevido a hacer una especie de deslinde con respecto a los errores de su exjefe, quizá habría captado la atención de algunos indecisos. Sin embargo, al presentarse como el fiel continuador de una administración que fue reprobada por más del 80% de la población, se colocó como la fórmula perfecta para el fracaso.

De esta forma, Meade fue incapaz de borrar la penumbra que le dejó la política fallida de Enrique Peña Nieto, el desprestigio institucional acentuado del Partido Revolucionario Institucional manchado por escándalos de algunos gobernadores encarcelados por presunta corrupción y la enorme situación de inseguridad que cobró más de 60,000 mil víctimas. Ese fuerte lastre que arrastró no le permitió crear credibilidad a lo largo de su campaña, pues era el heredero del abuso, la corrupción, la impunidad y la deshonestidad sistémica.  

12.- Los diversos casos de corrupción flagrante que marcaron la administración del presidente Peña Nieto plasmados, entre otros, a través de la Casa Blanca, el fraude Odebrecht, Obrascón Huarte Lain (OHL), la Estafa Maestra y los escándalos mayúsculos de podredumbre de los gobernadores priístas como Roberto Borge, Javier Duarte y, otros funcionarios estatales; contribuyeron significativamente al incremento del hartazgo ciudadano que se reflejó en las elecciones locales previas a la contienda presidencial y en los comicios federales finales de 2018. Dicha putrefacción sistémica no fue sancionada severamente en su momento por el gobierno en turno, sino que fue tolerada y aplazada para evadir las complicadas consecuencias políticas que significaría aplicar la justicia en tales terrenos, ya que aparecerían más sectores de poder involucrados en tales delitos. Ante tales excesos vergonzosos y desmesurados la mercadotecnia publicitaria del PRI no pudo maquillar la corrupta realidad que generó durante un sexenio, pues no existía campaña ideológica que fuera capaz de borrar el grado de abuso, impunidad, desproporciones, “compadrazgo” y descomposición social a la que llegó el gobierno de Enrique Peña Nieto. El “principio de realidad”, se impuso sobre la propaganda electoral fantasiosa del partido tricolor.

Así, debido a la multiplicidad de los graves problemas acumulados y a la incapacidad gubernamental para resolverlos el promedio de aceptación de la gestión del gobierno mexicano en 2018 fue tan solo del 18%, la segunda más baja de toda Latinoamérica, después de Brasil que únicamente alcanzó el 6%. Todo ello reveló que gastar más en propaganda no se traduce automáticamente en mayor aceptación de la opinión pública y en más votos, pues la realidad es un componente más fuerte que el imaginario publicitario producido por la mercadotecnia electoral.

 

PAN: la guerra sucia del Estado

13.- En el caso del “Niño Maravilla” (Ricardo Anaya), pudo haber jugado a ser el Emmanuel Macron mexicano, surgido de la nada a los ojos del hombre de la calle, pero sencillamente careció de la sustancia para encarnar el símbolo de la modernidad y el cambio en el que quiso convertírsele. Por un momento se confundió su edad (39 años) y su locuacidad articulada con el proyecto de modernidad que permitiría al país salir de los problemas en los que estaba estancado. El conflicto fue que Anaya no propuso nada sustancial, o en todo caso, nada diferente que estuviera fuera de los paradigmas de las administraciones anteriores.

14.- La campaña de Anaya se basó en destacar su juventud, acompañado del estribillo del partido !Movimiento Naranja, Movimiento Ciudadano!, uno de los tres partidos que lo postulaban como su candidato Por México al Frente, popularizado por el niño Yuawi. Dicha estrategia fue una alternativa propagandística muy pobre para enfrentar la fuerte potencia ideológica de transformación nacional que ofreció AMLO/MORENA.

15.- Una circunstancia que mermó de forma importante la fuerza de apoyo que tenía Ricardo Anaya al interior del PAN, fue la escisión que practicó Margarita Zavala, la panista con más alta aprobación en las encuestas, al abandonar sus filas, criticar su política dentro del partido y lanzarse como candidata independiente. Esto dividió el capital político del PAN y le dio mayor ventaja a la delantera que llevaba AMLO/MORENA.

16.- La guerra frontal que se desató entre el PRI y el PAN para querer conquistar el segundo lugar en las preferencias electorales y creer que mediante dicha astuta estrategia en el último momento el PRI podría alcanzar la Presidencia de la República, fue una equivocación fundamental que debilitó la competencia de la oposición. El fuerte encono entre ambos bandos ocasionó que el “voto útil” de tales corrientes políticas se dividiera sin apoyar al segundo candidato más aventajado, dándole más fuerza a la gran delantera ya obtenida por AMLO/MORENA en el primer lugar.

17.- El gobierno en turno y el PRI utilizaron todos los recursos del gobierno federal que manejaba el presidente Peña Nieto para elaborar una guerra de Estado contra Ricardo Anaya con el fin de tratar de arrebatarle el segundo lugar en las preferencias electorales. Con la golpiza publicitaria que recibió Anaya su prestigio público ya no pudo recuperarse ni con su actuación histriónica en los debates presidenciales y en otros espacios mediáticos. Tampoco, el debilitamiento del prestigio del candidato del PAN favoreció a Meade, pues en enero la distancia entre Meade y AMLO era de 17 puntos de divergencia, en marzo pasó a una diferencia de 27 puntos y, el día de la elección la lejanía fue de 37 puntos entre ambos. 

 

PRD: el castigo ciudadano

18.- El Partido de la Revolución Democrática experimentó una severa crisis orgánica en su interior que contribuyó incrementar la pérdida de su fuerza como oposición política, siendo castigado por la sociedad. Así, derivado del fraude electoral perpetrado por el gobierno de Carlos Salinas de Gortari en 1988 se creó el Partido de la Revolución Democrática (PRD) con objeto de restaurar la democracia en México y evitar del dedazo presidencial sobre el destino de la nación. 

Pese a ello, a lo largo de los años, debido a la dominancia e intereses grupusculares en su interior, gradualmente fue perdiendo su rumbo democrático y se convirtió en un aparato político al servicio de un pequeño grupo que busco reproducirse ilimitadamente en la estructura de poder, olvidando la atención de los grandes problemas nacionales. Dicho vacío político y abandono del imaginario que ocupaba el PRD fue hábilmente retomado por AMLO/MORENA convirtiéndolo en uno de los componentes centrales de su nueva bandera partidista para persuadir a los sectores que antes eran fieles a esta corriente política en decadencia.   

 

Autocrítica indispensable 

La conjunción de todos estos complejos factores políticos creó una realidad muy difícil de ser aceptada por grandes sectores de ciudadanos para concederle otro voto más de confianza a la partidocracia convencional capitaneada por el PRI con objeto de continuar ejerciendo el modelo de gobernanza tradicional que había ocasionado tanto daño al país. Esta descomposición sistémica del proceso de gobernabilidad le permitió al frente Juntos Haremos Historia colocarse imaginariamente en la percepción de grandes multitudes como la opción electoral más eficiente para canalizar el fuerte descontento social y transformar al país.

La fuerte herencia de los errores sistémicos anteriores debe ser analizada de manera autocrítica con mucho rigor, objetividad y honestidad por los partidos de oposición y la sociedad civil independiente, pues de lo contrario no tendrán mayor futuro promisorio en las próximas elecciones nacionales de 2024. La alternancia política debe despertar enérgicamente sin algodones de sus complacencias inmaduras para colaborar a construir un horizonte más equilibrado para el desarrollo de la nación.

jesteinou@gmail.com