jueves, 19 de mayo, 2022 7:55 am

La importancia de llorar

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Reflexión (Es)

“No hay mayor causa del llanto que no poder llorar”.

Séneca.

Nuestro cuerpo produce lágrimas en todo momento que nos ayudan a mantener nuestros ojos húmedos, limpios y sanos. Las lágrimas emergen también, provocadas por un elemento externo, como puede ser el humo o alguna substancia irritante. Por último, lloramos por lo que sentimos y es en esta última idea en la cual me concentraré en las líneas siguientes.

Los especialistas sostienen que llorar es sano a nivel físico y emocional. Erróneamente, a algunos de nosotros nos han educado para no llorar, haciéndonos pensar que llorar es un signo de debilidad. Nuestros padres y maestros, formadores de nuestro perfil, en muchas ocasiones nos dijeron: “no llores”. Inicialmente lloramos por estímulos muy elementales, que poco a poco con nuestra formación se van sofisticando, hasta incluso, por la educación que recibimos, el proceso del llanto se nos dificulta más y más, al grado de que a muchos de nosotros nos es casi imposible llorar. Si no lloramos, mantenemos cerrada esa válvula de presión, no permitiendo liberar la angustia, rabia y posible agresividad, que de no ser liberada por el llanto, lo será de alguna otra manera, mucho menos saludable.

Llorar es una señal que nuestro cuerpo envía, y que como todas las demás, debemos atender. El llanto aparece poco a poco y de manera espontanea principalmente cuando nos sentimos felices o tristes.  Como una respuesta a nuestros emociones y sentimientos, reflejo de que hemos permitido establecer contacto con ellas. 

Llorar nos relaja, nos cansa y nos produce alivio, activando nuestro sistema nervioso parasimpático, incrementando el metabolismo cerebral, activando diversas áreas de nuestro cerebro, y mejorando con ello cómo nos sentimos. 

Llorar significa que nos encontramos en medio o a merced de algo que atender, frente a un reflejo de algo que sentimos en el pasado o incluso, como una anticipación a una emoción fuera de control producida por el futuro. En algunos casos, especialmente en el de los niños, el llanto puede ser también, consciente o inconscientemente, una forma de llamar la atención del otro, que produce empatía y fortalece nuestros lazos sociales con aquellos que nos rodean.

Las lágrimas que resbalan por nuestras mejillas liberan en nosotros substancias acumuladas por la presión y el estrés. Llorar nos hace sentir liberados, aunque en la realidad las circunstancias por las que atravesamos no hayan cambiado de forma importante. Las lágrimas dicen mucho sobre aquello que las palabras por una u otra razón no nos permiten expresar, y nos ayudan a tener una consciencia más aguda sobre el momento por el que atravesamos.

Como hemos sostenido en otras colaboraciones, los estoicos promovían mantener la ecuanimidad en momentos de tristeza y dolor. Dentro de ello, sostenían que se debe llorar lo suficiente y en privado.  Resulta usual en nuestros días esconder o disimular el dolor o el sufrimiento que por alguna razón vivimos. Los estoicos, al contrario, nos invitan a enfrentar el dolor y el sufrimiento de manera frontal. Hacerlo no quiere decir contener el llanto, sino utilizarlo como una herramienta que nos permita mejorar a nivel físico, metal y emocional. 

El llanto en su justa medida nos ayudará a atenuar la intensidad de las emociones que nos asaltan, siendo una especie de calmante natural, que nos otorgará cierta claridad. Enfrentemos aquello que se nos presenta, evitando bloquear nuestras emociones. Lo que se bloquea, emerge de una u otra forma. Si es necesario lloremos, será parte del proceso de resolver aquello que nos reta.