jueves, 19 de mayo, 2022 7:29 am

EE.UU., entre la derrota geopolítica y la recesión que toca a la puerta

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GEOPOLÍTICA.COM

*El mundo está cruzando el mar de la redefinición de nuevos equilibrios, porque los de la Guerra Fría están rotos.

Los antecedentes

Muerta la Guerra Fría tras la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1991, en términos de la confrontación entre las potencias representantes de dos modelos distintos de producción, uno el socialista “realmente existente” —leninista-estalinista, que no marxista-leninista— de la URSS, y el capital-imperialista de Estados Unidos, revivirla era como aferrarse a una momia.

El breve periodo transcurrido entre la firma de Mijaíl Gorbachov con Ronald Reagan, que decretó el fin del proyecto “socialista” por un lado, y para Estados Unidos y sus secuaces el “fin de la historia” por el otro, terminó con un autogolpe: Los atentados del 11/S al símbolo del poderío imperial representado por las Torres Gemelas de Nueva York.

El cambio de siglos —del XX al XXI— resultó también el principio del fin del imperio estadounidense. De igual modo, el relanzamiento de dos fuertes competidores al imperio —que se creyó hegemón por al menos una década—: como son Rusia y China.

El año 2000 llegó Vladimir Putin al poder por primera vez en Rusia, y comenzó una serie de giros importantes para la recuperación del caos en que la dejaron Boris Yeltsin, y antes el “reformista” de la Perestroika Mijaíl Gorbachov; el operador de la peor catástrofe geopolítica del siglo XX, a decir no solo del presidente Putin.

China fue admitida en la OMC, el organismo que regula el comercio mundial en el amplio marco de la hoy extinta globalización, en el año 2001. Para entonces, las reformas implementadas por Deng Xiaoping (1939-97) desde principios de los 60, comenzaban a rendir frutos porque reestructuraron a fondo al país del dragón —en agricultura, industria, defensa, ciencia y tecnología—, a la vez que aprovechando todas las ventajas que le ofertó la globalización neoliberal con el libre mercado hacia Occidente.

 

Guerras perdidas

El caso es que la Rusia gobernada por Putin hoy, y la China presidida por Xi Jinping en nuestros días, comenzaron a llenar los huecos —los vacíos geopolíticos y geoeconómicos— dejados por el cada vez más deteriorado imperio estadounidense tras sus “guerras” fallidas en el Oriente Medio, en países como Afganistán e Iraq donde no ganó la guerra sino el negocio de las armas.

[Nota: hace dos días escuchaba una entrevista con el jefe de la política exterior de la UE, Josep Borrell —por The Global Conversation en Florencia—, donde asegura que hoy nadie se acuerda de Afganistán, pero porque lamentablemente carece de memoria histórica, tras la derrota sufrida luego de 20 años de invasión del ejército estadounidense, que quedó ahí para el balance del imperio y sus tropelías cometidas en el mundo].

Pero la “operación militar especial” que emprendió Rusia en Ucrania ha roto todos los parámetros, de la Guerra Fría —no pocas veces llamada a seguir vigente— por parte de Estados Unidos, de la llamada globalización cuyos mercados están fracturados —simplemente por el rol tanto ruso como ucraniano en la producción energética y de granos, sin olvidar los minerales—, y la hegemonía del dólar cuya sustitución está siendo parte de las alianzas ruso-chinas de los últimos años.

Por solo mencionar tres de los temas que han cambiado al mundo ya, tras el comienzo de la guerra de Rusia en Ucrania, y la reacción occidental contra Putin con propuestas para afectar al país eslavo, pero les han salido contraproducentes.

Y la Unión Europea todavía no siente el impacto que le significará el cierre del grifo en las tuberías gasíferas procedentes del mercado ruso hacia el europeo, por dos motivos: 

1) No evaluar suficientemente que el gas no se puede sustituir tan pronto como se quisiera; 

2) Apoyar a rajatabla las políticas de Washington por parte de la Unión Europea, el caso de las restricciones o “sanciones económicas” antirrusas, como lo exige EE.UU. a costa de una seguridad nacional hipotecada.

El asunto es que, aún con la prolongación de la guerra por parte de la OTAN —que simplemente obedece las directrices del Pentágono—, entregando todo tipo de armamento sofisticado al ejército ucraniano para que resista la invasión rusa y se extienda el mayor tiempo posible —tanto que Rusia quede debilitada y desgastada, según los generales del Departamento de Defensa de EE.UU.—, el fuerte impacto ya prendió.

 

Se acabó, como otro más

Por todo lo anterior, hay que entender que EE.UU. carece ya de condiciones para pretender imponer reglas, controles geopolíticos o erigirse como país salvador del mundo. Eso se terminó. Siquiera para imponer normas de corte internacional que nunca respeta, como tampoco las instituciones vigentes le obligan a hacerlo.

No más medidas globalistas, ni controles monetarios con base en el dólar. Sin la globalización, los mercados se habrán regionalizado. Se fortalecerán los mercados de países que coincidan en sus intereses, no en los del país impostor, que impone con “reglas” sus “intereses”.

El imperio ya se debilitó, pero falta la puntilla que la dará el toque para la caída. Y esa será tan estrepitosa que será peor a la recesión del 1929 del siglo XX.

Con dos impotencias en su actuar: El uso de la bomba atómica para confrontar a Rusia, se ve descabellado que la OTAN ni Europa se lancen a una aventura autodestructiva; el relanzamiento de China a nivel internacional es ya un hecho.

Ahora este último país está actuando con más visibilidad para lo que vendrá luego de la guerra —y esta será la definición más importante a tomar entre Rusia y China—: la creación de la arquitectura para el Nuevo Orden Mundial Multilateral.

O Nuevo Orden Multilateral donde Estados unidos solo sea un país más como el resto, con derechos, pero también obligaciones para un mejor equilibrio y juego con reglas iguales para todos. Suena a sueño, pero está a la vuelta de la esquina.

Porque el mundo ya cambió y al imperio solo le resta que toque a la puerta la debacle principal: la recesión económica (importante tema) de una economía solo fiat durante las últimas décadas, o dinero sin soporte de algún tipo, en tanto se trata de una economía que casi produce nada.

China, en cambio, es el gran motor económico para el siglo XXI. Y será punta de lanza para recrear otro orden en el mundo, sin el control imperial violento del pasado. Todos los imperios caen tarde o temprano.

Mientras tanto, disuasivo como es el potencial atómico, una Tercera Guerra Mundial no es amenaza pese a la escalada del actual conflicto. Es claro que ni la OTAN ni Rusia quieren una guerra devastadora. No se atreverá el organismo atlántico a cruzar la línea roja. Eso es lo más cercano a la realidad. La sociedad civil tiene que lograr que así sea.