jueves, 30 de junio, 2022 2:12 am

Los “donantes enmascarados”

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Entre Líneas 

La celebración del 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo en las instalaciones de lo que será la refinería de Dos Bocas, no solo fue un evento básico en una sociedad responsable y ciudadana, sino que sirvió para que MORENA, y el presidente AMLO y su gobierno, reagruparan fuerzas cuando por primera vez en lo que va de sexenio, la oposición ha conseguido algunos tímidos logros.

Sin embargo, no parece les estén dando rendimientos, porque con que López Obrador levante tantito su moral les deja muy atrás en sus aspiraciones de derribar todo lo que huela a “lopezobradorismo” para el 2024. Las encuestas son tercas y aunque reflejan subidas y bajadas de la popularidad del presidente y de MORENA, son tan insignificantes que apenas han pasado algunos días o cuando mucho, unas semanas de que se hayan enfrentado a un revés, para que la opinión pública de nuevo les conceda su confianza.

Y en eso el juego de los precandidatos está teniendo mucho relieve. Adán Augusto López, el paisano, muy estimado en esta tierra, avanza a pasos agigantados hacia la candidatura por la presidencia de la República y se le reconoce ya como “factor a tener en cuenta” en las próximas elecciones. La solidez que ha demostrado AALH, la seguridad en todo lo que hace y como lo hace, y la sencillez en su trato, lo han convertido en un incuestionable merecedor a ese honor.

Lo reconoce todo el mundo: amigos y adversarios. Que, por cierto, en su intento de reinventarse en la oposición, los perredistas, panistas y priistas junto con eventualmente el MC están buscando dinero para financiarse y eso puede ser un verdadero problema. Criptonita auténtica para esa posible coalición. El run run está en la calle y dicen que a meses de unas elecciones convendría aclarar un punto clave para acabar con la corrupción: Las donaciones. La adorable virtud de la humildad se ha refugiado en algunos políticos.

Ninguno se muestra partidario de que sean divulgados los nombres de sus generosos donantes, ni tampoco el de sus impacientes acreedores. Creen que es mejor que no se haga pública la identidad de los derrochadores, para que no les acusemos de pródigos. La verdad es que no son despilfarradores, sino inversores. Quienes le regalan dinero a un partido político y ocultan su nombre piensan cobrárselo todo junto, cuando llegue el momento, que siempre llega.

Quienes mandan, cuando sus desmanes trascienden, ceden su sitio a los opositores, que vuelven a volver, como las oscuras golondrinas de Bécquer o como las machadianas cigüeñas que tornan a los campanarios. Para evitar esa monotonía, si los legisladores de verdad quieren acabar con la impunidad y los corruptos, deberían redactar una ley de control de la actividad económica-financiera, que por otra parte es la única que puede controlar.

Se acabaron los dadivosos enmascarados. Todo el que dé dinero verá publicado su nombre y reconocido su altruismo. Y los partidos políticos deberían ser obligados a hacer público su estado de cuentas permanentemente, en línea. De aquí en adelante deberíamos saber al detalle con que se financian reuniones de proselitismo de personajes que en teoría no disponen de las cantidades necesarias para esa tarea, pero que en la realidad disponen de millones y millones de efectivo que nadie sabe de dónde sale.

Deberíamos saber quién paga la renta del recinto, lo que se reparta de comida o bebida, la megafonía y en fin de donde sale tanto y tanto efectivo, que además no paga ni IVA, como debería de ser y más si se trata de un candidato a gobernador. Además, los desempleados que quieran hacer donativos tendrán que publicarlos en la página web y ellos detestan cualquier forma de ostentación. Hay comportamientos dignos de admiración y de imitación, pero ambas cosas requieren tener algún dinero.