jueves, 30 de junio, 2022 2:32 am

AALH: Aaaaaaaarrrrrrraaaaaannnnn

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Entre lineas

Ya no es un asunto menor que puede ser importante algún día pero que hoy no pasa nada si se mete en el cajón. Ya es, literalmente, una importante constatación. El paisano Adán Augusto López Hernández, para más señas secretario de Gobernación del gobierno del también paisano y Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, tiene muchísimas posibilidades de ser el próximo ocupante de la Silla del Águila. Es decir, el que dirija los destinos de este país hasta el 2030, lo que no es cualquier cosa. En su gira del fin de semana por varios estados de la República (Sonora, Chihuahua y Guanajuato) el secretario Adán Augusto fue aclamado por primera vez con los gritos de ¡¡¡Presidente, Presidente!!! Lo que implica claramente que la militancia morenista y la gente en general no solo lo considera como candidato, sino como ganador. Y eso en el norte de la República, en donde se presupone que la aprobación de MORENA es la más débil. Y los morenistas ven en la carta de Adán la más fuerte. Si hasta ahora se había considerado la posibilidad de que AALH fuera el candidato después de la Presidencia con fuerte personalidad de AMLO como un equilibrio ahora, apenas después de unos meses de ejercer en la secretaría de Gobernación y haber adquirido ese importantísimo nivel de aceptación, Adán Augusto es, por merecimiento propio, un prospecto de primera. Y, curiosamente hay un aspecto que lo define perfectamente y que identificamos los que lo conocemos de cerca: No hay prácticamente nadie en la oposición que hable mal de él. Eso no quita que en Tabasco, el solo anuncio de la posibilidad de que Adán sea el próximo Presidente de la República, ha conducido a algunos, unos cuantos, a vivir con malestar, desencanto, desapego, desafección, polarización, cortoplacismo y crispación de ese estado de ánimo colectivo que padecemos y que deja en las playas de la política un oleaje bravío y multiforme. Esa es la plática que aparece machaconamente en todas las conversaciones mantenidas con la gente en general pertenezcan o no a un instituto político choco. Para definirlo con exactitud popular simple y llanamente están “encabronados”. Desde hace un tiempo tengo un cabreo tremendo con los políticos de este país y de Tabasco. Es lógico, son un subproducto de esta época cabreadísima. Algo así sucede en medio mundo, pero el caso de Tabasco es espectacular: desde hace años, políticos y política aparecen regularmente entre los tres primeros problemas percibidos por los paisanos, exactamente en el lugar que hace años ocupaban el hambre o la delincuencia. Los partidos son, con mucha diferencia, la institución peor valorada. La Gran Reclusión ha acrecentado el desánimo que apenas habíamos logrado olvidar de la Gran Recesión. De la indignación de hace un lustro pasamos a la perplejidad: La relación ciudadanos-políticos se ha convertido en una especie de “relación tóxica” de la democracia, Hay en la política de Tabasco una tendencia que viene de lejos, una onda larga: una combinación tóxica de corrupción, ineficacia por la dificultad para llegar a acuerdos en asuntos clave y despreocupación general por los problemas reales de los ciudadanos. MORENA que ha arrasado entre los electores, ha fragmentado el espectro político de la actual oposición, y ha agudizado su propia polarización que aboca a continuos episodios de inestabilidad. Basta con mirar de soslayo a la masacre priista y la guerra civil interna panista para comprender que necesitan todavía muchos años para encontrar un camino para que puedan volver a hacerse escuchar y a entender por un pueblo que todavía no les perdona los agravios cometidos. El bloque de la derecha se hunde en un divorcio con lanzamiento de platos a la cabeza, y el de izquierdas perredista no es capaz de aliñar un mensaje creíble ni siquiera para los que todavía siguen en sus filas porque no encuentran acomodo en ninguna otra parte. Hace tiempo que las democracias dan señales de desquiciamiento; y sin embargo siempre nos quedará aquello de Paul Auster en la maravillosa 4 3 2 1: “Parecía que el mundo estaba a punto de acabarse. Pero no se acabó”. Y si se trata de apuntarse y de decirlo claramente en lo personal me apunto a Adán Augusto López Hernández. Lo conozco y es sensato, correcto, muy preparado, con sensibilidad social y un humanista por naturaleza. Es un hombre esencialmente bueno.